Covid-19: Estados, laboratorios, las vacunas y la lucha por el poder

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La vacuna contra el virus SARS-Cov-2 (Covid-2) ha acaparado la atención nacional e internacional por la magnitud de contagios, de muertes y por la respuesta que la medicina, la industria y

los estados están dando. El desafío, además de la erradicación de la pandemia, será conciliar los intereses geoeconómicos y geopolíticos.

Tipos de proyectos

Más que estados, los actores emergentes de esta pandemia que aterró al mundo pertenecen al “sector privado” farmacéutico. Sobresalen diferentes proyectos como el de la alianza entre la británica AstraZeneca con la Universidad de Oxford; los grupos Pfizer, Janssen Pharmaceutical Companies -Johnson & Johnson-, Moderna Inc. y Novavax, todas de Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU). Por el lado de Alemania, BioNTech, y de parte de los chinos, las iniciativas llevadas a cabo por Sinovac Biotech Ltd. y CanSino Biologics Inc. así como la de Wuhan Institute of Biological Products Co. Ltd..

Se suma también el “sector público” de la salud, incluso el de defensa de las principales potencias. En EE.UU, tanto el National Institutes of Health (NHI) como los Departamentos de Salud y de Defensa juegan un rol clave; similarmente, en Rusia, con el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) en alianza con el Nits Epidemiologii I Mikrobiologii Imeni N.f. Gamalei (Centro de Microbiología y Epidemiología Gamaleva); y en China, con el conglomerado estatal biotecnológico Sinopharm y la Academia Militar de Ciencias Médicas -asociada a Cansino-.

 Competencia entre Estados y laboratorios por las vacunas 20210223

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Efectividad

Pero además de estos actores no estatales, aparecen atributos de poder diferentes a los militares y tecnológicos. La innovación científica vinculada a las ciencias médicas parece también ser motivo de cambio en la estructura de poder internacional. Así como los estados piensan en armas nucleares, también se analizan la efectividad de la vacuna contra el Covid-2. Pfizer fue la primera en anunciar un grado de eficacia del 95% de su vacuna durante los ensayos en noviembre pasado, seguida de la “Sputnik V” -eficacia del 91,6%- en diciembre. A fines de 2020 se sumaron las de AstraZeneca -62%/90% de eficacia-, Sinopharm -eficacia de entre 79,4%- y la de Moderna -eficacia del 94,5%-.

En enero de 2021 Janssen anunciaría una eficacia en la vacuna de entre 72% y 57%. Algunos países autorizaron un “uso limitado” de los prototipos, tal cual CanSino, Sinovac, Sinopharm y el Wuhan Institute; otros, sólo un “uso temprano” de la misma -Fondo Ruso - Centro Gamalei- o una autorización para “uso para emergencia”, como ocurrió en EE.UU. En cualquier caso se descuenta que la seguridad y eficacia de las vacunas podrán tomar un período comprendido entre 12 y 18 meses para tener certezas máximas.

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Si bien los descubrimientos afloran y la campaña mundial de vacunación está en marcha, existen reparos: son pocas las farmacéuticas y laboratorios que alcanzaron fases avanzadas de experimentación de la vacuna. Las que contienen virus Ad-25 -que usan CanSino, y el Fondo Ruso - Centro Gamalei- fueron cuestionadas por su tendencia a perder potencialidad y producir efectos adversos como fiebre y otros síntomas. Pero esto no cuestiona los alcances obtenidos, avalados por trayectorias científicas de primer nivel y cuyos resultados fueron publicados en prestigiosas revistas científicas internacionales. Tampoco caben del amplio consenso respecto de la inmunidad temporal de la vacuna: se estima una duración no superior a 3 años.

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Primeros campos de prueba

Similarmente a la lógica de las relaciones entre estados, los actores en ciernes continúan una natural conducta de búsqueda de la supervivencia. Desde el primer cuatrimestre de 2020 que compañías estadounidenses, británicas y chinas realizan ensayos en el continente africano y asiático -en este último se suman los rusos-. Las chinas mantienen una preponderancia en Medio Oriente, y en Europa tienen presencia activa compañías estadounidense y europeas. En el continente americano, están presentes tanto farmacéuticas europeas como firmas estadounidenses. Mientras que en América del Norte, además de las empresas de EE.UU, se proyecta las chinas. En América del Sur comparten mercado tanto compañías estadounidenses, chinas como rusas. Cualquier similitud con los procesos de hegemonía comercial tradicional que está dando, no es una casualidad. Menos aún que los estados apoyen esta lógica.

El rol del estado

De allí la infranqueable subvención estatal para apoyar determinados proyectos, tanto en el marco interno de los países como en el plano internacional. Esto es, “estado” y “mercado” se complementan en pos de determinados objetivos. A la hora de optimizar y apuntalar el desarrollo de una vacuna, los estados lo hacen de dos maneras: una, con financiación para el desarrollo de la vacuna -Rusia financia el programa con el Fondo Soberano, EE.UU a través del Programa de Salud de Defensa y del NHI-. En cambio, en China los fondos proceden de los propios conglomerados públicos biotecnológicos. Otra alternativa es con fondos destinados a “ensayos, manufactura y distribución” de la futura vacuna. El programa estadounidense “Warp Speed” lleva desembolsados u$s 3.000 millones para subvencionar proyectos y comprometidos unos u$s 5.600 millones en compras futuras de vacunas. China tiene, hasta el momento, comprometidos u$s 2.000 -se desconocen partidas adicionales - mientras que el Reino Unido lleva desembolsados no menos de u$s 230 millones para desarrollo.

También es cierto la vigencia de iniciativas globales para investigación y distribución de la vacuna -GAVI, CEPI y COVAX- en el marco de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto es, en términos de relaciones internacionales, emerge una suerte de multilateralismo. La cifra global de inversión estimada asciende a 18.000 millones de dólares y de 35.000 millones en compras masivas. Dichas iniciativas buscan incrementar la eficacia de una campaña de vacunación mundial, priorizando el acceso ecuánime de la misma, sea en el aspecto financiero –financiación y bajos costos- y en el orden logístico –distribución-. Entonces, si sumamos los costos asumidos en la pandemia, hasta finales de 2020, se contabilizaron más de 53.000 millones de dólares para producir y distribuir las vacunas.

Pero si bien la gran mayoría de los países adhirieron a los mecanismos mencionados, subsiste una cuota de unilateralismo -EE.UU y China aun no suscribieron al COVAX-. EE.UU prioriza a la vacunación de su propia población y China realiza estrategias multilaterales “ad-hoc”. En tanto, Rusia apoya una serie de acuerdos bilaterales con grandes centros de manufactura, como India y México. Es decir, abundan estrategias unilaterales y otras multilaterales por parte de los estados. Cabe aclarar que las principales potencias mundiales albergan a las compañías más grandes del mercado farmacéutico y también dejaron en claro que priorizarán el abastecimiento interno.

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En materia de infraestructura, el hallazgo de una vacuna convocará a una producción inmediata y en masa. De hecho, para 2021 los resultados arrojan una capacidad de producción de alrededor de 8.000 millones dosis. China, India y EE.UU, reúnen la capacidad industrial más importante de manufactura. Sinopharm y Sinovac, incrementarán su producción, Pfizer ya compró instalaciones en el exterior, mientras que el Fondo Ruso producirá en México y en Argentina, y Janssen encontró socios con plantas industriales con capacidad de producción a escala. Otras optaron directamente por “tercerizar” la producción en Asia -AstraZeneca con el Serum Institute of India Pvt. Ltd.) y en América Latina - Argentina (Insud), Brasil (Fundación Oswaldo Cruz y el Instituto Butantá) y México.

Desafíos posteriores a la vacuna

Si bien la novedad en materia científica es el uso de “virus de diseño”, que pone a prueba nuevas y futuras bio-tecnologías emergentes en materia de investigación, no deja de haber lucha por el poder entre las naciones. El complejo farmacéutico de EE.UU es el único que realiza investigación y desarrollo en las tres principales técnicas biogenéticas para enfrentar al Covid-2 –“ARNm”, el “virus recombinante” y el “virus neutralizado”-, lo que le permitiría asegurar, en uno u otro modo, el desarrollo de una o de varias vacunas. En el caso de China, sus empresas tomarían parte en dos de estas técnicas como son las de “virus recombinante” y “virus neutralizado”.

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Si bien ya hay proyectos a la espera de una aprobación final por parte del ente regulador en materia de seguridad sanitaria en diferentes países, su eficacia no estará exenta de efectos colaterales. De hecho, persisten reservas en la opinión pública dadas las dudas sobre probabilidades de reinfección con o sin síntomas. De todas formas, el camino está allanado. Si de algo podemos estar tranquilos es que todos los estados han comprometido esfuerzos económicos y de investigación de envergadura, entienden a la vacuna como una cuestión de estado y de seguridad nacional.

Pero así como varios países cuentan con mayores recursos económicos -China y EE.UU-. otros no podrán desarrollar y producir una vacuna. La principal beneficiaria será, sin dudas, la industria farmacéutica. Tiene asegurados una porción importante del mercado mundial de vacunas y un fiador único: el estado. La cadena de producción y de logística empeñada abastecerá la demanda internacional de vacunas sólo de forma progresiva, con una discriminación y segmentación forzada en su aplicación. Esto permitirá descomprimir los colapsados sistemas sanitarios, impedir el avance del SARS CoVid-2, y acelerar el regreso a la normalidad, en particular, de la actividad económica. Serán clave en este proceso la logística que presenten los sectores públicos, sean a través del sistema de salud, defensa civil y fuerzas armadas.

Algunos problemas y aprendizajes

En el tránsito a lo anterior, será inevitable el “nacionalismo” de las vacunas, amén de algún retraso e ineficacia por parte de las iniciativas de cooperación. Sin dudas, el interés nacional de cada una de las naciones es la salud de la población.

Las iniciativas globales buscarán garantizar subsidios a los países pobres, reduciendo costos, precios accesibles y desalentando la competencia disruptiva. Aun así, se esperan inconvenientes logísticos multilaterales -lentitud en la distribución- y una competencia comercial de parte de las farmacéuticas para acaparar condiciones óptimas de ingreso a los distintos mercados nacionales, acumulando importantes provisiones de stocks y asegurándose la mayor cantidad de compras futuras, tal cual ocurre hoy. Esto podría incitar a una carrera entre estados, encubierta por compañías estadounidenses, británicas, chinas y de Rusia, para obtener mayor poder e influencia. Tanto el final de la pandemia como el desastre económico ofrecen oportunidades de reconstrucción de las economías, y del comercio y la industria mundiales. Nuevamente, producir y exportar vacunas también es de interés nacional. Es razonable, entonces, esperar campañas de desinformación provenientes de todos los sectores -entre ellas, de organizaciones no gubernamentales (ONG´s) anti-vacuna, entre otros- con fines políticos y económicos.

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Por último, debemos reconocer la experiencia y aprendizajes alcanzados a lo largo de 2020 y hasta el momento. Primero que nada, una advertencia en el plano de la estructura internacional: existen actores emergentes que replican las mismas conductas que los estados: detentan diferentes atributos, buscan sobrevivir en una carrera por la hegemonía económica, y se arropan en la lucha de poder entre los estados. En segundo lugar y, hablando en términos de proceso internacional, la industria farmacéutica ha logrado acelerar en tiempo récord las distintas etapas de ensayos clínicos, como también emplazar una cadena de producción y de logística capaces de enfrentar al coronavirus. Por el lado de los estados, estos han montado una infraestructura de salud pública a la altura de la circunstancia y dado batalla a un enemigo invisible durante la emergencia médica. Uno y otro esfuerzo servirán de plataformas para para enfrentar futuras crisis sanitarias.

*Miembro Consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y del Instituto de Seguridad y Asuntos Estratégicos (CARI). Profesor Adjunto de “Teoría Avanzada de la Política Internacional” en la Carrera de Ciencia Política (UBA); “Política Exterior Argentina” (UCEMA) y de “Política Económica Internacional” (UADE).