Agustín Salvia: "Todavía estamos transitando la crisis del régimen anterior"

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El investigador principal del CONICET, Agustín Salvia, explicó que aún no superamos la crisis anterior y se refirió a la importancia de "medidas de capital humano" que complementen la estabilización de

la situación económica. "Este es un gran desafío que no pasa solamente por una revolución libertaria, sino por una revolución institucional, política y económica del proyecto del país, donde seguramente el Estado tiene mucho que decir al respecto en la planificación y la coordinación”, expresó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio Amadeus (FM 91.1).

Agustín Salvia es investigador principal del CONICET, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, sociólogo especialista en temas de estructura social, y especialmente en los hogares de menores recursos con exclusión juvenil, estrategias de evaluación de políticas sociales.

El último informe del observatorio que dirige, la Deuda Social de la UCA, expuso que la pobreza ascendió 55,5%, y la indigencia a 19,8% en el primer trimestre del año. ¿Es casi el 20% la indigencia de la Argentina actual?

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Los datos que salieron del último informe corresponden, ya no a estimaciones hechas a partir de los datos de la encuesta de la Deuda Social Argentina, sino del último informe que elaboró el INDEC con respecto a la distribución del ingreso. A partir de esta información, se hacen una serie de evaluaciones, que nos dieron una tasa de pobreza muy similar a la que habíamos estimado en abril con respecto al primer trimestre, que nos dió 55,5% y la indigencia nos había dado 17,5%.

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Con los datos ya oficiales, la pobreza estaría alrededor de 55%, tal como lo habíamos planteado, pero la indigencia estaría por arriba todavía de lo que habíamos calculado, llegando a 19,8%. Creo que este es el dato más alarmante, porque están dando cuenta de un empobrecimiento brutal en tan solo un año, comparado con el primer trimestre o mismo el cuarto trimestre del año pasado.

Esto es un fuerte shock social, pero lo más impactante y destacable es que no solo las clases medias están por debajo del valor de la canasta básica total, cosa que también mide la pobreza, sino este dato de la indigencia, de la pobreza extrema, marcando un punto crítico que no había tenido Argentina desde hace mucho tiempo. Desde el 2002 no teníamos estos números.

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¿Cuál era la indigencia en el 2002?

Usando la misma tecnología para medir que actualmente tiene el INDEC, superaba el 25%, en el peor de los momentos del año 2002. Pero esto tendió a bajar rápidamente, así como la pobreza también. Hubo valores muy altos, pero había una tendencia a la baja, producto de un proceso de reactivación económica fuerte que se recuperó rápidamente y demandó mano de obra que había expulsado.

Gran parte de la diferencia entre la pobreza y la indigencia entre la situación económica de hoy y la que tuvimos en el 2002, es que aquella había tenido un componente fuerte vinculado al desempleo, no fue solo la inflación la causa. La inflación, junto a la devaluación, tuvo un impacto pero cuando se rompe la cadena de pagos genera un proceso muy recesivo de crisis en el 2001 y 2002 que profundizó gravemente esa realidad.

Crisis del 2001
Crisis del 2001

En este escenario tenemos una situación donde el shock es inflacionario, fuertemente inflacionario producto de la devaluación. Ya veníamos de un estancamiento, y la reactivación no aparece. No hay un dato inmanente de recuperación económica que permita generar más empleo.

Tengamos en cuenta que hoy la tasa de desempleo, aunque aumentó un punto y medio, sigue siendo muy baja. La gente está ocupada pero en malos empleos, en trabajos informales. El 50% de la población tiene trabajos no registrados, pero hay un 30% de todo ese trabajo que es gente que hace changas, cosa que no teníamos en aquel momento. Esos trabajos muy eventuales que no se expresan en el desempleo sino que se expresan en empleos de muy baja productividad.

Hoy por hoy la posibilidad de recuperación no aparece en el horizonte con algo que está por venir con fuerza. Por el contrario, lo que se ve es que se va a mantener esta situación recesiva, con una recuperación muy lenta en los sectores más dinámicos. Pero que el consumo no se recupere produce este nivel de pobreza extrema, de indigencia. Porque, en realidad, el presupuesto de las familias pobres se constituye en un 30% en una asistencia social, el 70% es plenamente laboral. Gente que consigue trabajo informal, se crea su propio empleo, tiene un trabajo asalariado de baja calificación y no registrado, pero tiene trabajo.

En este contexto pasa que esos trabajos informales por cuenta propia, disminuyen. O se pierden, porque las pequeñas y medianas empresas a los primeros que recortan son a los trabajadores no registrados, de ahí se explica la caída del empleo y el aumento del desempleo. Y el bajo consumo de las clases medias que también han empobrecido su capacidad adquisitiva, hace que haya menos cartón para juntar, menos servicios domésticos que brindar, menos jardinería, menos productos textiles, menor venta de los vendedores ambulantes.

Esto hace que el ingreso de las familias indigentes se vea disminuído por el ingreso laboral, más allá de lo mucho que aumenten los programas sociales, porque aumentaron, compensando lo que perdieron con la devaluación. Si bien es importante esa recuperación, no alcanza para retribuir la pérdida que han tenido en términos de ingreso laboral.

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Te escucho y mi cabeza viaja al 2002, y quizás esto no es equivalente a este año, sino al 2001. Al 2002 se llega de un proceso de caída del producto bruto, y acá se está dando la primera caída de producto bruto. Quizás falte todavía un escalón más para llegar a esa situación. Por otro lado, el dólar de Lavagna hoy sería un dólar de 2700, o sea casi el doble del dólar oficial actual, lo que me hace recordar a Lavagna diciendo que la clave de la recuperación era un dólar siempre alto. En este contexto actual es por el contrario, tenemos un dólar que no está en el piso, pero es considerado bajo.

Elizabeth Peger: ¿Observan algunos elementos que puedan hacernos pensar en un cambio de tendencia hacia la mejora? O por el contrario, ¿vamos a ver un escenario de profundización de estos indicadores que son muy dolorosos?

Yo creo que hay un escenario muy interesante en la comparación con respecto al período de la crisis anterior, porque toda crisis abre un espacio de mucha incertidumbre. El análisis sociológico del momento económico y político actual, lleva a considerar queaún estamos transitando la crisis. No podemos pronosticar el futuro, es muy difícil hacerlo porque nada nos permite garantizar cuál va a ser la forma en la que el sistema social resuelva esta crisis, pero bien puede ocurrir un proceso de profundización y que esto sea la antesala de una crisis mayor que efectivamente produzca una interrupción de la cadena de pagos, el cierre de pequeños y medianos establecimientos.

Pymes, en crisis
Pymes en crisis

Si esta situación se sostiene en el tiempo donde la economía de las pequeñas y medianas empresas no se puede sostener porque el consumo es muy bajo, la capacidad de exportación también se disminuye fuertemente para los sectores que son factores dinamizadores de demanda de bienes y servicios de insumos, si ese proceso que estamos analizando hoy, que si bien ha tenido caídas en los niveles de pobreza porque ya no tenemos ese 55% sino el 50% producto de una recomposición de los salarios, no es suficiente para producir una mejora sistemática y sostenida, el proceso puede empeorar y provocar una crisis mayor. Puede ser que esta sea la antesala de una crisis.

O lo que puede ocurrir es que, efectivamente, devenga a fin de año, o antes, un proceso de recuperación de la inversión, motorizado por los procesos de flexibilización o cambios positivos en el proceso cambiario. De cualquier manera, todo estima que esta situación tenderá a estirarse y que eventualmente esa recuperación lenta de los salarios podría ayudar a una lenta recuperación económica, evitando que caigamos en la crisis.

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EP: ¿Qué capacidad efectiva de contención tiene la estrategia del Gobierno de incrementar las partidas destinadas a programas vinculados con la alimentación, por ejemplo, la tarjeta alimentar y la AUH? Y a su vez, recortar el presupuesto asignado a otros programas sociales, como el renovado Potenciar.

Yo creo que tiene capacidad, aunque no tuvo efectividad suficiente aún, pero tiene capacidad porque el bruto de estos programas es muy bajo. Es el 1,50% del PBI, y eventualmente puede obtener beneficios de otro lugar, porque de hecho está reduciendo el gasto social y lo está transfiriendo a los programas de transferencia directa de ingresos, está recortando gastos en transferencia directa de alimentos, o en otros programas como las becas. Se está concentrando en transferencia directa hacia los sectores pobres e informales.

Hubo una recuperación con respecto a diciembre, o al cuarto trimestre del año pasado, en materia de lo que fue la AUH y la tarjeta alimentar. Pero hoy por hoy, una tarjeta alimentar o la AUH para una familia tipo de dos adultos con dos niños, esa transferencia constituye el 50% de la canasta básica alimentaria y el 25% de la canasta básica total. Es decir, no son una garantía de salir de la indigencia, son una ayuda a la indigencia pero no permiten salir de los niveles altos que tenemos.

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Claudio Mardones: Según estimaciones, se está arañando el 60%. Teniendo en cuenta este dato, ¿Estamos ante el anticipo de un escenario en donde ese nivel de pobreza, para quienes incluso reciben ayuda del Estado, van a quedar en un umbral por encima del 60% de pobreza? ¿Cree que esa situación será inestable en el futuro?

No, ese proceso se dió justamente como efecto de la crisis de diciembre y enero. La tendencia de la pobreza fue a la baja, pero lo que aumentó fue la indigencia. La pobreza ha bajado, en este trimestre estimamos que estaría a 50%, pero en el primer trimestre bajó a 55%, porque en febrero y marzo se fue mejorando el shock que se provocó en diciembre y enero. En materia de pobreza, la tendencia es hacia la baja por recuperación de las regulaciones.

Empezaron a haber acuerdos paritarios o informales entre trabajadores y empresarios para mejorar y actualizar las remuneraciones, y esto acompañó de manera importante estos meses, pero no lo suficiente como para revertir la caída que viene, desde ya hace mucho tiempo, experimentando la caída del salario real.

El salario real ahora está por debajo del 2017, 2018 y 2019, e incluso es parecido al salario real que se tenía al momento de la pandemia. El punto es que la caída de la reducción de la pobreza no se vió acompañada de una mejora sustantiva en la caída de la indigencia porque hay un proceso de ajuste de los propios trabajadores formales. Las clases medias ajustan sus gastos, consumen menos de los servicios del sector informal, y eso produce ese impacto dónde la dinámica es un aumento de los niveles altos de pobreza extrema que, lo que están dejando como marca hacia adelante, es que vamos a tener una pobreza estructural y crónica mayor de la que tuvimos antes de la crisis.

La crisis, suponiendo un proceso de recuperación, va a dejar una marca, un piso más alto de pobreza estructural en la Argentina, más difícil de vencer en el tiempo.

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CM: ¿Y cuánto calcula de ese piso?

Ese piso, en el que estábamos en 25% hace 10 años atrás, yo creo que ya estaríamos al 35%. Más de un tercio de la sociedad argentina está experimentando una pobreza crónica y estructural, ¿Qué significa esto? Que sus padres fueron pobres, ellos son pobres y sus hijos serán pobres. No sólo en ingresos, sino en capacidad alimentaria, educativa, en calidad de vida, en hábitat financial, en condiciones y procesos de crianza y socialización.

Tenemos un nivel de pobreza estructural mayor, que creo que es no sólo el shock de esta crisis, es el fracaso de 20 años de una política fallida en materia de desarrollo económico sostenido, pero que se ha venido implementando en los últimos 10 años. Ese segmento de la sociedad destruida, sobrante al modelo político económico, sobrante desde el punto de vista político, ideológico, cultural. Entiendo que en ese contexto cultural y social la semiótica es distinta, la semiótica de las clases medias e incluso de las clases dirigentes.

Los significados tienen otro valor, las expectativas toman otros umbrales, mucho más bajos en términos de expectativa de movilidad social, de salir adelante, de lo que implica el progreso y el bienestar. Es un quiebre social lo que estamos atravesando.

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CM: Y la niñez. La niñez es un punto de fuga de las preocupaciones, quizás.

Es una desinversión intergeneracional, porque tenemos 60% más de chicos pobres, pero vayamos a ese núcleo duro de pobreza que tiene, seguramente, el 40% o 45% de nuestros niños viviendo en esos hogares. Niños que hoy son niños y mañana serán ciudadanos con muy baja capacidad productiva, capacidades de construcción de una interacción social, muy vinculados a la cultura de la supervivencia.

Si pensamos en un país que pueda cambiar estos niveles de marginalidad cultural, hace falta no solo estabilizar la economía sino invertir fuertemente en capital humano, en general una inversión en capital humano capaz de revertir esto, ya no para esta generación y quizás tampoco para la siguiente. Tenemos que pensarlo intergeneracionalmente, de acá a 20 años, ¿Cómo van a vivir las próximas generaciones? ¿Qué capital simbólico se llevan de esta generación?

Este es un gran desafío que no pasa solamente por una revolución libertaria, sino por una revolución institucional, política y económica del proyecto del país, donde seguramente el Estado tiene mucho que decir al respecto en la planificación y la coordinación.

El carácter federal de nuestra sociedad tiene que ser fortalecido también, porque no es posible hacer política social desde el 9 de julio y hablando de Manuel Belgrano. Se tiene que pensar en términos federales, provinciales y locales, el desarrollo económico, la herramienta es la inclusión social y el trabajo. Hay que fomentar y multiplicar pequeñas y medianas empresas con un nuevo capital ideológico, nuevas intensidades de conocimientos y tecnología. También hay que formar recursos humanos adaptados para que puedan participar de la creación de riqueza.

Estamos en una crisis, creo que la crisis de la convertibilidad, y tenemos ese escenario adelante como una oportunidad, yo creo que todavía estamos transitando la crisis del régimen pasado sin poder construir algo nuevo.

MB VFT